Ya he comentado en otros posts la valiosa aportación del fracaso para el logro del éxito. Siempre le digo a mis compañeros de equipo, a mis jefes, a mis socios, a las empresas que me piden consultoría a mis amigos, a mi familia y especialmente a mi hija, que gracias al error aprendemos, aprendiendo mejoramos y mejorando alcanzamos la excelencia.

Sin embargo, los errores deben ser digeribles y asumibles. Por ello, a la hora de planificar la estrategia de transformación digital de una organización, donde vamos a asumir riesgos consecuencia de los múltiples y necesarios cambios, dicho proceso de digitalización debe hacerse con lo que yo defino como Disrupcción Coherente y Filosofía Low Cost. Además, estamos ante una las características del Know How que definen al Liderazgo Innovador deben y que debe inculcar en el ADN de su equipo.

No olvidemos que la transformación digital, directa o colateralmente, afecta de manera transversal a toda la organización con cambios organizativos, cambios en la metodología, cambios en la comunicación (externa e interna), cambios en la relación con clientes y con los proveedores, cambios que afectan a los productos y a los servicios que ofrecemos, cambios en la imagen y en el branding de la organización, y especialmente,  no olvidemos que todo reto de la implementación de tecnologías disruptivas, que son nuevas y posiblemente desconocidas para la mayoría de las personas de la organización debe ser entendido deseado, impulsado por el equipo.

Para abordar la imprescindible transformación digital de una organización es necesario introducir la última tecnología e hibridar, sin miedos. También liderar con mentalidad disruptiva innovando hasta incluso en el diseño de la estructura orgánica . Si bien, debe hacerse sin improvisación, con coherencia, alineada con la visión, la misión, la cultura de la empresa y las personas.

 

 

Todo proceso de transformación y digitalización debe estar siempre orientado a resultados. Como explico en otros posts y artículos, todo tiene que aportar valor a la organización, especialmente la innovación y la tecnología, bien sea de forma cuantitativa o cualitativa, pero siempre tangible, monetizable y deseable por los diferentes actores y players que rodean e interactúan con nosotros. Orientados a objetivos como: más crecimiento, más ahorro y eficiencia, más rentabilidad, más calidad, más sostenibilidad, más transparencia, más motivación, mejor imagen, más seguridad, etc. La digitalización debe tener un objetivo claro y definido. En definitiva, es poner foco en mejorar lo que haces y en cómo lo haces con innovación; es lo que define la imprescindible condición de Disrupcción Coherente para un proceso de transformación digital exitosa.

Aunque no debemos implementar y desarrollar todo, siguiendo esta coherencia, sí es importante y necesario explorar y conocer, por parte de la organización, toda la tecnología que existe en el universo, en tanto en cuanto, a priori no sabes cuál de ellas te va a aportar valor, bien en el presente o posiblemente en el futuro. Por ello, y como comento en detalle en otros post y artículos, recomiendo que toda organización no escatime en formación del equipo humano en esta materia, que tenga un Sandbox y un Laboratorio o LabTech donde analizar y testar las oportunidades potenciales que ofrece el apasionante y enriquecedor mundo de la Economía Digital, como: la Inteligencia Artificial, la tecnología BlockChain, la ciberseguridad, la realidad virtual, el Cloud, el internet de las cosas, el BigData, la nanotecnología, los Moocs, las fintech, los wearables, la Industria 4.0 o las redes sociales entre otras.

 

 

Como toda revolución, ésta, llamada Cuarta Revolución Industrial o Revolución 4.0, abre un mundo de oportunidades, de desafíos, de retos y de esperanza en todos los sectores, tanto en el ámbito público como privado. No obstante, como hemos comentado anteriormente, se trata de un proceso que no está exento de riesgos, uno de los diferentes riesgos implícitos radica y deriva del coste económico, por ello, es clave que toda estrategia de transformación digital se plantee con una filosofía «Bootstrapping» (del inglés, bajo coste).

Cuando hablamos de Filosofía Low Cost, no nos referimos a que las inversiones, los desarrollos o el gasto se realice acudiendo a productos y proveedores baratos, donde se deja al margen la calidad, y el criterio de selección sea puramente el precio. No, concretamente nos referimos a emprender todo proyecto tecnológico con el máximo rigor en la asignación de recursos, en el exhaustivo control del gasto y con una dimensión presupuestaria ajustada y realista ante posible error, al fracaso potencial.

 

 

Todo proyecto tecnológico a iniciar en una organización debe contemplar, en su estudio, dos escenarios: el éxito y el fracaso, especialmente es vital este último. Cuestiones como: ¿Qué ocurrirá si nos equivocamos? ¿Podremos digerir el fracaso? ¿Cuánto nos costará pivotar? ¿Qué aprenderemos del error? ¿Remontaremos, seguiremos vivos si no funciona?. No olvidemos la ecuación error/aprendizaje, donde el coste del fracaso debe ser menor a lo que aporta en valor como aprendizaje para mejorar la organización y para impulsar el proceso de transformación digital.

Es por ello, por lo que aconsejo, para una adecuada y prudente digitalización de la organización, que se implemente una estrategia Bootstrapping, que proviene del mundo de la cultura Startup, y que a modo filosófico utilizando el nombre de Low Cost, yo la replico a la hora de abordar proyectos con tecnología disruptiva. Se trata de hacerlo de forma responsable, con recursos muy controlados, para poder fracasar sin morir en el intento o con un coste injustificado para los socios o consejos de administración. Además nos aproxima al objetivo de orientación a la eficiencia.

Con el fin de adentrarnos y aclarar la acepción del vocablo «Bootstrapping», de origen anglosajón, radica en la idea de emprender un negocio con pocos recursos o únicamente con los medios que hay a tu alcance. Dentro de la mentalidad Startups, sería aquella estrategia basada en el conjunto de técnicas para desarrollar una idea y convertirla en negocio sin apenas recursos sin inversores o apalancamiento externo. El Bootstrapping está pensado sobre todo para microemprendedores y pequeños equipos de trabajo llamados precisamente bootstrappers.

Un concepto aplicable a cualquier organización pública o privada, grande o pequeña. Lo que propongo, es implementar la estrategia Boostrapping o Mentalidad Low Cost en la primera fase de ciclo de vida del proyecto, hasta su escalabilidad una vez haya sido un caso de éxito asegurado, tras haber contrastado su retorno y ser validado. Esta metodología implica que todos los proyectos de transformación digital, si bien en real, que sean pilotos, para poder testarlos sin miedo a equivocarnos, que si ocurre nos permita pivotar, aprender, mejorar, volver a testar, volver a equivocarnos, volver a pivotar, volver a aprender, hasta que acertemos, y cuando sea un caso éxito claro, contundente e irrefutable; entonces procederemos las fase de escalar globalmente y lo replicaremos en el resto de la organización, posibilitando incrementar en ese nuevo estadio del ciclo de vida del proyecto el presupuesto y los recursos, minimizando así los riesgos.

La Dirupcción Coherente y Filosofía Low Cost persiguen minimizar tres tipos de riesgos, por un lado el Riesgo procedente del Coste de Oportunidad, consecuencia de no realizar la transformación digital necesaria por miedo a equivocarnos, lo que nos generaría un riesgo estratégico ante la pérdida de competitividad en relación con nuestros competidores. Por otro lado minimizar el Riego de Solvencia y Viabilidad, persigue evitar que un fracaso tras emprender un proyecto sobredimensionado en costes nos aboque a una muerte segura por no poder digerirlo. Y finalmente un Riesgo de identidad debido a impulsar proyectos que, aunque sean un éxito como tal, ante la falta de coherencia en valores y por no estar alineado con la cultura, misión o visión; disperse al equipo, confunda al entorno y desvíe a toda la organización de su core.

 

 

¡Un saludo! … innova, transforma, disfruta, … Y no olvides que la innovación es cuestión de personas …

Manuel Bonilla,